Efímero periplo al verano

Por sólo tres meses, la demanda de los gimnasios aumenta un 35%. Dietas, medicamentos y rutinas mágicas se combinan a cualquier precio para llegar en forma al verano.

full training

El tablero del gimnasio Full Training de Almirante Brown está vacío. No hay una sola llave para que algún socio pueda guardar sus pertenencias dentro de los treinta casilleros disponibles. Lunes, 28 Octubre. El estallido ya lleva casi dos meses y quien primero lo percibió fue el aire, tan vapuleado, tan castigado por los aromas poco seductores que segregan esos cuerpos humanos. Él ya dejó de ser el que era, puro como el mismo que se respira en las altas cumbres. Ahora es denso, cálido, y recorre dos pisos por las escaleras hasta llegar a la planta baja, para darse a conocer entre aquellos que no lo frecuentan. ¿Es una invitación? Tal vez. Una rara forma de impeler.

En Longchamps, Full Training es uno de los gimnasios familiares más populares. Las estadísticas de la Cámara de Gimnasios de Argentina (CGA) sostienen que la cantidad de socios aumenta entre un treinta y un treinta y cinco por ciento a partir del segundo semestre. Sin embargo, este comportamiento se pronuncia aún más a partir de Septiembre, donde aparecen los fulanos a inmiscuirse en una práctica que dura tres meses y que abandonan a principios de Diciembre, cuando el sortilegio de las dietas y las rutinas dejan de cumplir su efímero propósito.

Estos intrépidos sujetos buscan su mejoramiento estético en un tiempo récord. Si bien depende de cada persona –si realizó actividad física toda su vida o si por cualquier motivo es o se convirtió en un sedentario–, a los profesores se les exige la misma condición necesaria: que los resultados estén visibles antes que llegue el verano. En realidad, a principios de Diciembre.

Los lunes son muy intrincados para los profesores de Full Training. “Todos quieren bajar lo que comieron y tomaron el fin de semana”, dice Gonzalo Duffy, el profesor nocturno que con su aguda mirada conoce mucho más del espacio en el que trabaja. “Los lunes, la totalidad de los socios hacen pecho y bíceps”, detalla con una exclamación, mientras entrenaba con veinticinco kilos en cada lado de la barra su ejercitado pecho en el banco de cuarenta y cinco grados.

Hay mujeres que eligen las máquinas y las mancuernas, con rutinas pesadas y aeróbicas. Sin embargo, como sus expectativas son casi imposibles de colmar, lo intentan todo. La gran mayoría de las chicas en los gimnasios practican Spinning, una actividad sobre bicicletas fijas que permite quemar grasas y tonificar músculos a un ritmo lento-medio pero progresivo.

– ¿Cuánto hace que venís a Spinning?
– Y… arranqué en Septiembre mas o menos –dice Dalina con una pequeña muestra de satisfacción en su rostro al salir de la clase.
– ¿Y hacés esto todo el año?
– ¡No! Hasta Diciembre, seguro. Después empiezan las fiestas, el calorcito… ¡después no vengo más hasta Septiembre! –asegura la señorita de unos veintitrés años mientras mira su calza negra y sabe que tiene la fecha exacta para volver al placard.

Del entrenamiento salen ocho mujeres y la profesora. En la sala hay un espacio mínimo entre las bicis, sólo entran diez más la del instructor de turno. Está herméticamente armada como para que todo el calor se concentre en ella. El aire vuelve a ser protagonista; quema. Las caras sudadas no dejan observar el motivo del cansancio: si es el trajín de todo el día o es por una rutina que exige mucha velocidad a un ritmo constante y a la que muchas de estas mujeres las interpela más el potente reggaetón que suena mientras pedalean por una hora e imaginan como esa pancita desaparece lentamente.

El problema de este comportamiento explosivo y que no discrimina por edades es la construcción social del verano. La idea que circula sobre él es la de cuerpos perfectos, marcados, tonificados, pulposos. Quien no esté dentro de estos parámetros o no cumpla con ese “contrato tácito” será excluido, silenciado, tapado. Los medios de comunicación contribuyen a este contexto social. Desde allí se construye lo bello, lo correcto y sus antítesis. Si bien desde la contemporaneidad se critica esta mirada y se habla de verdades, de tensiones y de diálogo, en el imaginario social aún predominan con un fuerte arraigo cultural algunas miradas y tendencias, como la estética figura del ser humano en verano.

“En tres meses quieren hacer lo que deberían haber hecho en todo el año. Lo toman como debe ser, como una disciplina, pero sólo para llegar al verano”, relata Hernán, profesor de Full Training en el horario vespertino.

Alrededor de veinte personas deambulan de una máquina a otra. Algunos llevan consigo su botellita con agua, otros su bebida deportiva. Hay más hombres que mujeres, y la mayoría pertenece al grupo que dio el puntapié inicial al estallido hace dos meses atrás. Sólo tres personas –dos hombres y una mujer, todos de treinta y cinco años en adelante– usan la talla XXL. Demuestran mucho empeño y entusiasmo. Se miran entre ellos –sin conocerse– y sienten cierta conexión o identificación. Con cuerpos delgados y marcados, otras ocho personas –dos mujeres y seis hombres– integran el grupo que asiste todo el año. El resto, son como aves en migración que atraviesan miles de kilómetros con un objetivo claro y en tres meses desaparecen.

Miguel es remisero hace 7 años, luego de perder su anterior empleo. Está entre diez y doce horas arriba del auto, que, por suerte, es de él. Casi no tiene cuello. La remera le queda ajustada y le es imposible ocultar los rollitos y la panza. Entre sus pectorales se forma un corazón de transpiración y apenas se alcanzan a ver algo mojadas las axilas cuando agarra la polea para ejercitarse.

–Me cuesta venir porque laburo mucho, ¿viste? Pero por ejemplo la semana pasada vine todos los días y esta sólo falté el martes, porque estaba cansadísimo –dice Miguel mientras se sienta para descansar.

–¿Cómo te adecuás a la dieta y al descanso, a parte de entrenar?
–Lo de la dieta me cuesta mucho porque laburo y no tengo tiempo para comer como dicen los doctores. Mi señora me dice que todos los veranos es lo mismo, aunque ahora estoy más flaco –cuenta el remisero como un logro.

Otra vez la misma presión: llegar al verano.

Son pocas las personas que testean sus entrenamientos con los médicos. No importan los medios, todo vale cuando el objetivo es claro. “La gente busca todo por internet. Quiere saber todo y cuando encuentra se atreve a probar”, dice Matías Bordenave, profesor de educación física y encargado de Full Training. Esto va en la línea del “todo vale si la meta es el verano”.

Ocho de la noche. No hay una cinta ni una bici vacía. La cantidad de gente parece aún más porque los espejos las multiplican. Música electrónica en todo el gimnasio. Los televisores pasan un partido de la B Nacional. Matías tiene bastante trabajo, pero ya está acostumbrado a mantener dos o más charlas casi a la vez. Y explica:

–Como los corre el verano, buscan por cualquier medio mejorar su imagen e ingieren cualquier tipo de dietas o van a la farmacia y piden clenbuterol, que es un broncodilatador que ayuda a quemar grasas, o sibutramina, un fármaco para tratar la obesidad.
–¿Y quiénes lo ingieren?
–Mayormente las mujeres. Se ven con seis o siete kilos demás o con una adiposidad que no pueden quitar en poco tiempo y se automedican.

El rol de los profesores es vital para los socios. “La gente con sobrepeso pide soluciones mágicas, buscan dietas mágicas, compran el “Reduce Fat-Fast” o el “Abtronic”, y la realidad es que va en cada uno. Si no dormís bien, no entrenás intensamente y no te cuidás con las comidas, nada cambiará”, explica Gonzalo desde el mostrador de recepción.

A Esteban nunca le gustó los gimnasios. Siempre prefirió jugar al fútbol, hacer natación o correr. La remera le queda suelta. Sus hombros puntiagudos se marcan por debajo de ella. A sus cachetes le falta presencia, volumen. Deambula desganado. “Estoy haciendo una dieta muy dura”, dice sin ganas de comunicar, desplazándose con su botellita de agua y la llave del casillero hecha pulsera en su mano derecha del sillón de cuadriceps al de femorales.

Antes de transitar el verano se suele usar un régimen muy conocido: la dieta cetónica. Los profesores saben que es altamente efectiva pero que debe estar controlada por un profesional de la salud.

“Una dieta debe estar equilibrada entre hidratos de carbono (55%), proteínas (20%) y grasas (25%). La dieta cetónica es rica en proteínas, pero si no se controla puede producir un desequilibrio alimenticio severo, dañando los riñones”, cuenta Jimena Fernández, Licenciada en nutrición.

Esteban hacía esta dieta. Al ingerir escasa cantidad de hidratos de carbono al cuerpo le falta energía, pero suple la falta de glúcidos consumiendo la grasa de reserva. “Se usa para marcar rápido. Con una dieta rica en proteínas, con muchas claras de huevo, carnes y cítricos, en tres semanas o un mes y con constancia, el cuerpo marcó”, dice Duffy, quien ha realizado esta dieta el verano pasado dándole buenos resultados. No obstante, depende de cada organismo y por eso recomienda su control profesional.

Temporada alta y temporada baja no son buenas formas de diferenciar ciclos dentro de los gimnasios. El gimnasio sobrevive por la temporada baja, por aquellos que van todo el año y abonan su cuota. La construcción social del verano contribuye al estallido de tres meses, a la masividad, a que existan tensiones entre socios “de todo el año” y “del verano”.

Faltan quince minutos para las diez de la noche, la hora del cierre. Gonzalo y Matías ya están cansados. Los socios temporales dan mucho trabajo: asisten todos los días, preguntan constantemente, exigen magia, pagan una cuota social y pretenden que el profesor sea un personal trainer. Del salón de máquinas, los socios caminan casi treinta metros por un pasillo angosto hasta los baños. Quizá sea el lunes o la extensión de sus rutinas. Quizá sea el saber que mañana deben volver a exigirse lo que no lo hicieron en todo el año. Quizá sea saber que falta sólo un mes para el verano –en realidad, falta más, pero en los gimnasios el verano empieza a principios de diciembre. Y quizá por alguna de esas razones, se expliquen sus caras largas, su descontento.

–¡Chau, Mati! ¡Chau, Gonza! –dice un viejo socio mientras comienza a bajar las escaleras.
–Chau, Gabi –responde Duffy.
–Nos vemos, negro –responde Bordenave.
–Bueno, gente… será hasta mañana –dice uno de los socios temporales con un tono de exigencia.
–¡chau! –le dicen ambos profes.
–Menos mal que falta poco para el verano, ¿no, Gonza?
–Si, ya no puedo más.

DMA.-

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Acerca de Darío Medina

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