El cine y Frankfurt

La Primera Guerra Mundial ha dejado huecos imposibles de tapar. Desde las almas aún aturdidas por las batallas hasta el comportamiento financiero de los países derrotados en dicho conflicto bélico. A partir de 1920, la inflación azotó a casi toda Europa, pero hizo hincapié en Alemania, produciendo una hiperinflación jamás vista.

Unos años más tarde y del otro lado del atlántico, se produjo la Gran Depresión en Estados Unidos, en 1929. Fue una crisis económica mundial que se prolongó durante la década del treinta. Dejó a muchos obreros en la calle y el capitalismo vio en si mismo un principio de fragilidad. No obstante, bajo el impulso del desarrollo científico y de las innovaciones tecnológicas, el Estado burgués reorganizaba los procesos de producción, planificaba métodos de trabajo, abría nuevos mercados y modificaba hábitos sociales. “La aplicación de la electricidad a la vida cotidiana, la fabricación masiva de automóviles (…) la radiotelefonía, el cine, etc., ensanchaban la perspectiva del mundo y sentaban las bases para alcanzar una nueva visión de éste.

Hubo quiénes se opusieron profundamente al devenir de la historia porque les tocaba directamente en sus almas. De ideologías marxistas y en su mayoría alemanes judíos, los representantes de la Escuela de Frankfurt condenaban “la historia de la cultura burguesa que, en su largo proceso de decadencia y colapso, había encontrado en el nazismo su más fatídica sepultura”.

Adorno, Marcuse, Horkheimer, Habermas y Benjamín entendían que la sociedad burguesa estaba destruida y que ellos representaban la voz que buscaba sensibilidad con respecto a la persecución o muerte que se cometía contra cualquier ser humano. Se solidarizaban con todo hombre desesperado en su impotencia, con los que han quedado al margen de un sistema excluyente.

La película “La rosa púrpura del Cairo” de Woody Allen, estrenada en 1985, refleja en gran parte la sociedad americana de la época de la Gran Depresión y cómo se fundía en la visión de la Teoría Crítica. Es una exaltación de las fantasías de la gente en esos tiempos, además de resaltar el rol que jugaba el cine en la sociedad.
Cecilia –protagonizada por Mia Farrow– trabaja en un restaurante de New Jersey y está casada con un proletario pobre, bárbaro y vicioso.

Los medios de comunicación le hablan a las masas, a esos sujetos sujetados por discursos hegemónicos que pretenden universalizar su propia verdad. Para la Escuela de Frankfurt, los medios están de moda, sirven para aparentar, para dejar de ser lo que uno es, porque ante todo, produce y reproduce seres alienados, como Cecilia. En este film, el cine es el escape de una sociedad que protagoniza un mal momento económico. Representa “lo que deberían ser”, un modelo a seguir y esa congoja, esa frustración en Cecilia por ser lo que es se disipa al momento de entrar al cine; hasta tal punto que le cuenta a su hermana lo linda que es la vida en el cine.

La película que existe dentro de este film expresa el antagonismo entre la sociedad de masas y la cultura de elite. Ellos mismos hablan del mundo real como “no tan bueno”, salvo por Tom Baxter, el otro protagonista –interpretado por un joven Jeff Daniels– que elige buscar su libertad en un mundo donde no la hay. Para la Escuela de Frankfurt, el mundo nos dice cómo razonar, y es un claro ejemplo cuando se encuentra Cecilia con los dos Jeff Daniels: Tom Baxter y Gil Shepherd; como ella ambicionaba vivir en el lujo y en la ostentación que ese cine le mostraba y le enseñaba en el marco de su pobreza, ella elige quedarse con Shepherd porque en él veía ese sueño cumplirse. El amor, la razón, no importaba.

Cecilia refleja en sus actos el conformismo de una sociedad que se muestra hija de las imposiciones que desde un capitalismo en crisis, trata de seguir su vida con propuestas que solo en el cine se pueden llevar a cabo.

Ella intenta varias veces dejar la vida que lleva junto a su marido golpeador, incentivada por el anhelo de transformar su realidad igual a la que observa cada vez que asiste a una función de La rosa púrpura del Cairo. Quizá por eso asistió a mirar la película cinco veces, para salir de su realidad y tratar de vivir en un mundo idealizado.

Estos son ejemplo de los cuales la Teoría Crítica pone su mayor énfasis ¨ el de la razón, clausurado con la irrupción de la “no-razón” como lógica ordenadora de la sociedad; el del hombre, clausurado cuando se apodera de él la necesidad social de administrar su alma; y el del arte y la estética, clausurado por la irrupción de la industria cultural”.

Después de que Gil Shepherd le da un beso a Cecilia, ella dice ¨Estoy confundida. Estoy casada, conocí a un hombre maravilloso. Es ficticio, pero no puedes tenerlo todos¨. ”Los seres de ficción quieren tener una vida real y los seres reales una vida de ficción”, dice un actor. La no-razón de la que habla la Teoría Crítica es precisamente esto: hay una “razón formalizada” que nos induce a ser y crecer de determinada manera, impregnando una sola cultura, la legitimada por la burguesía.

Cecilia en medio del derrumbe de su decadencia muestra la utopía de vivir en una razón idealizado, alienada por lo que hay a su alrededor. Sin poder salir de su situación, ve que a pesar de todo, no puede escapar de su realidad. Así se debate entre lo que Es, por ello que en la escena del final, aunque todo lo que Cecilia conocía –para mal o para bien– haya quedado atrás en una ‘mala jugada’, el cine será un medio –quizá el único– para combatir la imperfección y la oscuridad de la vida.

Publicado en Análisis de medios | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Crecer al ritmo de la suplementación

En los gimnasios se combinan suplementos y esteroides, de acuerdo a las necesidades de cada individuo. La frontera entre lo permitido y lo prohibido se vuelve difusa en un terreno totalmente estético.

drogas de gim

El Tríbulus de Universal –una empresa de nutrición estadounidense– viene en 100 cápsulas de tres centímetros color marrón. Tienen aroma a comida balanceada. El algodón que las cubre también se ha contaminado de ese olor. Sus indicaciones están en inglés y la letra ‘I’ de “Universal” la compone un hombre musculoso pintado de rojo que levanta sus brazos y los cierra a la altura de su cabeza para dejar ver sus bíceps.
En Longchamps, los gimnasios venden suplementos deportivos y medicamentos con total libertad. La restricción es nula, y hasta algunos consumidores saben quién es el proveedor que las trae de laboratorios clandestinos, de farmacias amigas o de hipódromos, cuando al consumidor ya no le resulta los productos más conocidos. La salud debe ser siempre monitoreada por profesionales, y más en estos casos donde de dan al cuerpo sustancias que no necesita por una conveniencia estética.
La Av. Hipólito Yrigoyen está dividida en cuatro carriles. Desde todos sus ángulos se puede ver la gran publicidad de “Molécula”, el gimnasio de la pareja fisicoculturista Miguel Luna y Susana Alegre. “Centro de estética, cafetería y salón de Spinning” sobresalen desde el centro del cartel negro ubicado en el primer piso. Sin embargo, ese letrero también tiene inscripta con su característico isologotipo la palabra “Mervick”, que es una empresa nacional dedicada a la venta de suplementos nutricionales deportivos.
No todos los gimnasios son iguales y no cualquier persona puede asistir al gimnasio que quiere o desee. Aunque parezca imperceptible, cada centro de musculación da indicios de qué tipo de gimnasio es, desde la estructura, las imágenes y los profesores.
En Full Training, ubicado en el centro de Longchamps, al subir las escaleras hasta el segundo piso aparece la imagen de un corredor que está de espaldas, y sólo entran en cuadro sus marcados gemelos. Al terminar de subir los 8 escalones restantes, la foto de un hombre con el torso desnudo, sin un gran volumen de sus músculos, pero si marcado. Es la única imagen del mostrador, que sobre el mismo se encuentran los horarios de las distintas actividades que se dan –taekwondo, boxeo, spinning, danza aeróbica– y los aranceles.
Las drogas de laboratorio en los gimnasios son moneda corriente. “El stanozolol es lo que más se vende por los resultados que da”, dice Gonzalo Duffy, profesor nocturno de Full Training. Explica que el que más se comercializa en Buenos Aires es el “Stanozoland”, un esteroide de industria paraguaya, que en su caja dice “Venta bajo receta” y es realizado por Landerlan.
Sebastián “Paponia” mide un metro sesenta y pesa casi 70 kilos. Sus ojos celestes no llegan a visualizarse porque siempre usa gorras deportivas. Parece que las remeras las compra muy pequeñas, pues apenas entra su nueva figura en ellas. Él siempre fue flaquito, fue a todos los gimnasios de Longchamps y nunca encontró resultados, hasta que llegó a Full Training y tomó stanozolol italiano.
–¿Qué te llevó a tomar esteroides?
–El hecho de verme flaquito. Siempre igual, nunca tenía resultados. Hasta que a los veinticuatro años probé y me dio resultados –dice “Paponia”, sentado en el banco plano y dispuesto a levantar 80 kilos de pecho con la barra olímpica.
–¿Cómo te sentís ahora?
–Y… con mucha más fuerza, crecí, me siento con presencia. Pero bueno, ¡ahora quiero más!
“Quiero más”, dice “Paponia” y denota su principio de vigorexia, una enfermedad no reconocida como tal por la comunidad médica internacional pero que tiene un comportamiento claro: aquellos que la padecen se perciben de manera distorsionada, con trastornos en su comportamiento producto de verse más pequeños de lo que realmente son. Se obsesionan con su cuerpo y necesitan ejercitarse para mejorar su aspecto corporal pero nada los satisface, siempre se ven más pequeños y quieren más.
Para Matías Bordenave, profesor y encargado de Full Training, la mayoría de los socios que tienen pensado agrandarse por vías no naturales, no lo blanquean rápidamente. “Son pocos los que dicen: quiero tomar, ¿tenés?”, dice Matías desde su silla mientras atiende a los pocos socios que asisten un jueves lluvioso a las nueve de la mañana.
Matías tiene una teoría: del gimnasio y del profesor depende que sus abonados ingieran drogas naturales/sintéticas para mejorar su condición estética. Él explica que hay gimnasios que son para eso, los denominados “fierreros”, en donde no importa romperse el brazo o los riñones. Nada importa, solo ser gigantes. Y que, además, depende del profesor, instructor o quien esté a cargo. “Hay profesores que te sugieren que tomes tal o cual cosa porque ellos sacan una diferencia con eso. Es parte de lo que ellos denominan laburo”.
“Acá, un fierrero o un patova se va en dos minutos”, analiza Gonzalo mientras observa y señala los pesos, las distintas cargas que puede contener una barra, el peso máximo de las mancuernas y las máquinas.
Es por ello que existe la diferencia entre gimnasios fierreros y gimnasios más familiares. En los primeros todo es más rústico, más del “todo o nada”, donde no importa la salud, solamente lo estético.
Mariano acaba de buscar un Gainer Complex –de Mervick-lab– que le dio su entrenador. Lo pagó trecientos pesos –Gonzalo Duffy dice que el proveedor suele pagarlo ciento veinte, ciento cuarenta pesos, no más. Estos suplementos –en este caso, un Gainer sabor vainilla con una alta densidad nutricional para ganar peso– no están considerados como “ilegales” ni mucho menos, pero su utilización está pensada para patologías concretas o personas desnutridas.
Para Jimena Fernández, Lic. en Nutrición, estos batidos son muy peligrosos. “En los gimnasios te venden los batidos o los ganadores de peso como nada. Te lo dan porque sube masa muscular pero te dañan los riñones, y en ningún gimnasio te piden un análisis de sangre”, protesta Jimena desde su casa.
10 de la mañana de un lunes sin sol. Matías Bordenave toma mates con un alumno que llegó temprano con unas facturas –que ya quedan tres. De fondo suena Elizabeth Vernaci. Se escuchan algunos ladridos desde la planta baja. En eso, sube una chica flaquita de unos veinte años con unos jeans, una remera blanca y botas. Saluda con un “hola” y automáticamente dispara:
–¿No tenés testosterona, creatina o triacana?
–No. ¿Para qué? –dice Matías, sorprendido por la pregunta a tal punto de golpearse la cara con la bombilla del mate.
–Ah, es que mi novio prepara perros para cazar y necesitaba ahora –lanza la chica sin pudor–. Bueno, ¡chau! –Y baja rápidamente las escaleras que tenía a dos pasos.
–¿Qué está pasando? –preguntó Matías a su alumno.
“Paponia” –bien ganado su seudónimo– es solo un representante del vigorismo, hay muchos más escondidos por ahí. Él se mira al espejo, marca su tríceps con el brazo hacia abajo y extendiéndolo completamente. Se levanta la remera y lo toca, lo exhibe mientras le pide a Hernán, su personal trainer y profesor vespertino de Full Training, el próximo ejercicio, que lo necesita ya porque tiene muchas energías. Su comportamiento no se ve alterado producto de la ingesta de esteroides. No obstante, a veces los rasgos no están a la vista. “Si falto un día me quiero morir, siento que me desinflo, me siento culpable. No, es horrible”, confiesa “Paponia” con voz aguda y poco cuerpo, quizá propia del cuerpo que tenía tres años atrás. Ese sentimiento responde a la vigorexia.
Nicolás hace 8 meses que va al gimnasio. Sus brazos están trabajados al igual que su pecho, que nota tonificado. Sin embargo, sigue siendo delgado y quiere cambiar esa imagen. “Tampoco quiero ser gigante”, dice Nicolás sentado sobre el banco Scott. Él nunca pensó en suplementos ni esteroides pero ahora sus pensamientos lo apresuran.
–¿Por qué te sentís flaco si estás marcado, estás bien?
–Porque me veo así hace tres meses. Me estanqué, no puedo subir los pesos, es como que no tengo fuerza. Entonces pensé que necesitaba alguna ayuda –dice Nicolás al levantar su manga del brazo derecho y mirarse cómo está.
–¿Entonces?
–Le pedí al entrenador que me traiga algo. No sé con qué aparecerá, pero ya le pedí –sentencia Nicolás con seguridad.
Hay profesores que trabajan con hipertrofia temporal –aumento del tejido muscular–, que dura dos horas por el líquido que contiene el cuerpo. “Yo uso mucho la hipertrofia. Después de matarlos, los motivo, porque considero que la motivación es fundamental. Una vez que terminamos los llevo al baño y que se levanten la remera y se miren. Se van a ver más grandes, naturalmente”, explica Gonzalo, quien prefiere las vías naturales del fitness pero, a veces, recomienda pasar por el nutricionista, tomar al gimnasio como una disciplina y, si todo está bien, consumir algún ganador de peso. Eso si, para él, los 6 huevos por día tienen que estar si o si.
El consumo de esteroides o batidos es responsabilidad de los gimnasios, los profesores y los consumidores. Sin embargo, “Paponia” está feliz porque se mira al espejo y se ve grandote –porque tiene hipertrofia en su tríceps y en el pecho. “Yo me estoy controlando, todos los años me hago análisis”, dice como si nada estuviera mal. La realidad marca que el proveedor es el malo de la película. Todos lo conocen, nadie hace nada.

DMA.-

Publicado en Crónicas | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Efímero periplo al verano

Por sólo tres meses, la demanda de los gimnasios aumenta un 35%. Dietas, medicamentos y rutinas mágicas se combinan a cualquier precio para llegar en forma al verano.

full training

El tablero del gimnasio Full Training de Almirante Brown está vacío. No hay una sola llave para que algún socio pueda guardar sus pertenencias dentro de los treinta casilleros disponibles. Lunes, 28 Octubre. El estallido ya lleva casi dos meses y quien primero lo percibió fue el aire, tan vapuleado, tan castigado por los aromas poco seductores que segregan esos cuerpos humanos. Él ya dejó de ser el que era, puro como el mismo que se respira en las altas cumbres. Ahora es denso, cálido, y recorre dos pisos por las escaleras hasta llegar a la planta baja, para darse a conocer entre aquellos que no lo frecuentan. ¿Es una invitación? Tal vez. Una rara forma de impeler.

En Longchamps, Full Training es uno de los gimnasios familiares más populares. Las estadísticas de la Cámara de Gimnasios de Argentina (CGA) sostienen que la cantidad de socios aumenta entre un treinta y un treinta y cinco por ciento a partir del segundo semestre. Sin embargo, este comportamiento se pronuncia aún más a partir de Septiembre, donde aparecen los fulanos a inmiscuirse en una práctica que dura tres meses y que abandonan a principios de Diciembre, cuando el sortilegio de las dietas y las rutinas dejan de cumplir su efímero propósito.

Estos intrépidos sujetos buscan su mejoramiento estético en un tiempo récord. Si bien depende de cada persona –si realizó actividad física toda su vida o si por cualquier motivo es o se convirtió en un sedentario–, a los profesores se les exige la misma condición necesaria: que los resultados estén visibles antes que llegue el verano. En realidad, a principios de Diciembre.

Los lunes son muy intrincados para los profesores de Full Training. “Todos quieren bajar lo que comieron y tomaron el fin de semana”, dice Gonzalo Duffy, el profesor nocturno que con su aguda mirada conoce mucho más del espacio en el que trabaja. “Los lunes, la totalidad de los socios hacen pecho y bíceps”, detalla con una exclamación, mientras entrenaba con veinticinco kilos en cada lado de la barra su ejercitado pecho en el banco de cuarenta y cinco grados.

Hay mujeres que eligen las máquinas y las mancuernas, con rutinas pesadas y aeróbicas. Sin embargo, como sus expectativas son casi imposibles de colmar, lo intentan todo. La gran mayoría de las chicas en los gimnasios practican Spinning, una actividad sobre bicicletas fijas que permite quemar grasas y tonificar músculos a un ritmo lento-medio pero progresivo.

– ¿Cuánto hace que venís a Spinning?
– Y… arranqué en Septiembre mas o menos –dice Dalina con una pequeña muestra de satisfacción en su rostro al salir de la clase.
– ¿Y hacés esto todo el año?
– ¡No! Hasta Diciembre, seguro. Después empiezan las fiestas, el calorcito… ¡después no vengo más hasta Septiembre! –asegura la señorita de unos veintitrés años mientras mira su calza negra y sabe que tiene la fecha exacta para volver al placard.

Del entrenamiento salen ocho mujeres y la profesora. En la sala hay un espacio mínimo entre las bicis, sólo entran diez más la del instructor de turno. Está herméticamente armada como para que todo el calor se concentre en ella. El aire vuelve a ser protagonista; quema. Las caras sudadas no dejan observar el motivo del cansancio: si es el trajín de todo el día o es por una rutina que exige mucha velocidad a un ritmo constante y a la que muchas de estas mujeres las interpela más el potente reggaetón que suena mientras pedalean por una hora e imaginan como esa pancita desaparece lentamente.

El problema de este comportamiento explosivo y que no discrimina por edades es la construcción social del verano. La idea que circula sobre él es la de cuerpos perfectos, marcados, tonificados, pulposos. Quien no esté dentro de estos parámetros o no cumpla con ese “contrato tácito” será excluido, silenciado, tapado. Los medios de comunicación contribuyen a este contexto social. Desde allí se construye lo bello, lo correcto y sus antítesis. Si bien desde la contemporaneidad se critica esta mirada y se habla de verdades, de tensiones y de diálogo, en el imaginario social aún predominan con un fuerte arraigo cultural algunas miradas y tendencias, como la estética figura del ser humano en verano.

“En tres meses quieren hacer lo que deberían haber hecho en todo el año. Lo toman como debe ser, como una disciplina, pero sólo para llegar al verano”, relata Hernán, profesor de Full Training en el horario vespertino.

Alrededor de veinte personas deambulan de una máquina a otra. Algunos llevan consigo su botellita con agua, otros su bebida deportiva. Hay más hombres que mujeres, y la mayoría pertenece al grupo que dio el puntapié inicial al estallido hace dos meses atrás. Sólo tres personas –dos hombres y una mujer, todos de treinta y cinco años en adelante– usan la talla XXL. Demuestran mucho empeño y entusiasmo. Se miran entre ellos –sin conocerse– y sienten cierta conexión o identificación. Con cuerpos delgados y marcados, otras ocho personas –dos mujeres y seis hombres– integran el grupo que asiste todo el año. El resto, son como aves en migración que atraviesan miles de kilómetros con un objetivo claro y en tres meses desaparecen.

Miguel es remisero hace 7 años, luego de perder su anterior empleo. Está entre diez y doce horas arriba del auto, que, por suerte, es de él. Casi no tiene cuello. La remera le queda ajustada y le es imposible ocultar los rollitos y la panza. Entre sus pectorales se forma un corazón de transpiración y apenas se alcanzan a ver algo mojadas las axilas cuando agarra la polea para ejercitarse.

–Me cuesta venir porque laburo mucho, ¿viste? Pero por ejemplo la semana pasada vine todos los días y esta sólo falté el martes, porque estaba cansadísimo –dice Miguel mientras se sienta para descansar.

–¿Cómo te adecuás a la dieta y al descanso, a parte de entrenar?
–Lo de la dieta me cuesta mucho porque laburo y no tengo tiempo para comer como dicen los doctores. Mi señora me dice que todos los veranos es lo mismo, aunque ahora estoy más flaco –cuenta el remisero como un logro.

Otra vez la misma presión: llegar al verano.

Son pocas las personas que testean sus entrenamientos con los médicos. No importan los medios, todo vale cuando el objetivo es claro. “La gente busca todo por internet. Quiere saber todo y cuando encuentra se atreve a probar”, dice Matías Bordenave, profesor de educación física y encargado de Full Training. Esto va en la línea del “todo vale si la meta es el verano”.

Ocho de la noche. No hay una cinta ni una bici vacía. La cantidad de gente parece aún más porque los espejos las multiplican. Música electrónica en todo el gimnasio. Los televisores pasan un partido de la B Nacional. Matías tiene bastante trabajo, pero ya está acostumbrado a mantener dos o más charlas casi a la vez. Y explica:

–Como los corre el verano, buscan por cualquier medio mejorar su imagen e ingieren cualquier tipo de dietas o van a la farmacia y piden clenbuterol, que es un broncodilatador que ayuda a quemar grasas, o sibutramina, un fármaco para tratar la obesidad.
–¿Y quiénes lo ingieren?
–Mayormente las mujeres. Se ven con seis o siete kilos demás o con una adiposidad que no pueden quitar en poco tiempo y se automedican.

El rol de los profesores es vital para los socios. “La gente con sobrepeso pide soluciones mágicas, buscan dietas mágicas, compran el “Reduce Fat-Fast” o el “Abtronic”, y la realidad es que va en cada uno. Si no dormís bien, no entrenás intensamente y no te cuidás con las comidas, nada cambiará”, explica Gonzalo desde el mostrador de recepción.

A Esteban nunca le gustó los gimnasios. Siempre prefirió jugar al fútbol, hacer natación o correr. La remera le queda suelta. Sus hombros puntiagudos se marcan por debajo de ella. A sus cachetes le falta presencia, volumen. Deambula desganado. “Estoy haciendo una dieta muy dura”, dice sin ganas de comunicar, desplazándose con su botellita de agua y la llave del casillero hecha pulsera en su mano derecha del sillón de cuadriceps al de femorales.

Antes de transitar el verano se suele usar un régimen muy conocido: la dieta cetónica. Los profesores saben que es altamente efectiva pero que debe estar controlada por un profesional de la salud.

“Una dieta debe estar equilibrada entre hidratos de carbono (55%), proteínas (20%) y grasas (25%). La dieta cetónica es rica en proteínas, pero si no se controla puede producir un desequilibrio alimenticio severo, dañando los riñones”, cuenta Jimena Fernández, Licenciada en nutrición.

Esteban hacía esta dieta. Al ingerir escasa cantidad de hidratos de carbono al cuerpo le falta energía, pero suple la falta de glúcidos consumiendo la grasa de reserva. “Se usa para marcar rápido. Con una dieta rica en proteínas, con muchas claras de huevo, carnes y cítricos, en tres semanas o un mes y con constancia, el cuerpo marcó”, dice Duffy, quien ha realizado esta dieta el verano pasado dándole buenos resultados. No obstante, depende de cada organismo y por eso recomienda su control profesional.

Temporada alta y temporada baja no son buenas formas de diferenciar ciclos dentro de los gimnasios. El gimnasio sobrevive por la temporada baja, por aquellos que van todo el año y abonan su cuota. La construcción social del verano contribuye al estallido de tres meses, a la masividad, a que existan tensiones entre socios “de todo el año” y “del verano”.

Faltan quince minutos para las diez de la noche, la hora del cierre. Gonzalo y Matías ya están cansados. Los socios temporales dan mucho trabajo: asisten todos los días, preguntan constantemente, exigen magia, pagan una cuota social y pretenden que el profesor sea un personal trainer. Del salón de máquinas, los socios caminan casi treinta metros por un pasillo angosto hasta los baños. Quizá sea el lunes o la extensión de sus rutinas. Quizá sea el saber que mañana deben volver a exigirse lo que no lo hicieron en todo el año. Quizá sea saber que falta sólo un mes para el verano –en realidad, falta más, pero en los gimnasios el verano empieza a principios de diciembre. Y quizá por alguna de esas razones, se expliquen sus caras largas, su descontento.

–¡Chau, Mati! ¡Chau, Gonza! –dice un viejo socio mientras comienza a bajar las escaleras.
–Chau, Gabi –responde Duffy.
–Nos vemos, negro –responde Bordenave.
–Bueno, gente… será hasta mañana –dice uno de los socios temporales con un tono de exigencia.
–¡chau! –le dicen ambos profes.
–Menos mal que falta poco para el verano, ¿no, Gonza?
–Si, ya no puedo más.

DMA.-

Publicado en Crónicas | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Paladares, revista de gastronomía y comunicación.

Paladares es una revista que creamos los alumnos de la Licenciatura en Comunicación Social por la UNLP. En este caso, una crítica desde diversas aristas a los veganos.
Para ver la revista en PDF, hacer clic en el siguiente enlace:

Paladares, Excelencia gastronómica

paladares foto

DMA.-

 

Imagen | Publicado el por | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Festejo por los 10 años de la Articulación ISER/UNLP y Rodolfo Walsh para siempre

La fiesta se llevó a cabo en el auditorio del ISER. Contó con la presencia de la decana Dra. Florencia Saintout y autoridades del AFSCA y la UNLP. Preparada para la ocasión, se podía ver la muestra “Rodolfo Walsh, la sublevación de la palabra”.

En la agradable tarde-noche del 30 de agosto se festejaron los diez años de la Articulación entre el ISER (Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica) y la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (FPyCS) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), en el barrio porteño de Retiro.

La propuesta máxima era festejar, pero las seducciones eran varias: la primer colación de grado con más de 20 egresados, la palabra de la Decana de la FPyCS, Dra. Florencia Saintout, la muestra “Rodolfo Walsh, la sublevación de la palabra” –en la que se pondrá suma atención–, la presencia de autoridades del AFSCA (Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual) y la música –en formato acústico– de un alumno: Juan Bonaudi.

Ubicada en los pasillos del segundo y tercer piso del ISER, la muestra itinerante del escritor y periodista Rodolfo Walsh reflejó no sólo la insurrección de la palabra, sino de todo un aparato ideológico, propio de un buscador de la verdad como también lo era Ernesto ‘Che’ Guevara, que condice con un contexto revolucionario y de liberación. La palabra era una defensa más del armamento insurgente.

Con grandes paneles autoportantes que reflejaban escritos –algunos inéditos–, imágenes o íconos de la obra de Rodolfo Walsh, la muestra recorría algo más que una exposición subjetiva sobre la imagen del escritor montonero. El lingüista suizo Ferdinand de Saussure propuso el concepto de signo como una entidad doble compuesta por un concepto –significado– y una imagen acústica –significante–, cuya relación –la significación– es arbitraria . No existe un solo significado para atribuirle a algún significante. El significante es un significante parte de la infinita cadena de significantes. Los significados parten desde el plano simbólico.

“Entre el sistema receptor y efector, que se encuentran en todas las especies animales, hallamos en él como eslabón intermedio algo que podemos señalar como sistema ‘simbólico’”, escribió Ernst Cassier en “Antropología filosófica”. Es decir, que este sistema en el cual compartimos lo social –y que los animales no poseen, por carecer de un lenguaje emotivo, lógico, científico o poético–, abarca todo, comenzando por lo esencial: el lenguaje –con sus múltiples sentidos– como comunicación.

La gente recorría cada rincón de la muestra. Era claro que conocían quién era Walsh, de dónde venía y qué hizo. “El pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear para sí mismo, y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza.”, sentenciaba un panel verde con letras blancas que llevaba al pie dos iniciales: “R.W”.

Su relación con los medios de comunicación, con el socialismo, con los movimientos revolucionarios, con la figura del ‘Che’ Guevara, con los militares, con la junta militar y con el pueblo argentino, estaban plasmados en cada panel. La identidad de la exposición, como así también la del mismo Rodolfo Walsh, tienen una construcción clara. Y en el universo simbólico que se relacionaban ellos con los espectadores, las cartas estaban sobre la mesa.

La configuración de ese espacio social construido en el ISER –que también conlleva su significación al estar en ese lugar y no en otro. Es decir, en una cadena infinita de significantes y equivalencias, ISER = Estado = DD.HH. = “Nunca más” = Rodolfo Walsh– marcan una concepción hegeliana de lo que era: se definían por lo que no son. En ese sentido, la muestra era una totalidad fallida y Rodolfo Walsh una identidad fallida. Las posiciones particulares de los sujetos –Walsh como un militante, como un escritor o periodista– hacen que esas identidades carezcan de cierre, porque siempre estará la posibilidad de articular algo que quede por fuera de esa identidad . Se articulan de forma contingente, “fruto de una condensación simbólica y no de una necesidad esencial”.

“Nuestras clases gobernantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes ni mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores (…) La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas”, mostraba otro panel el pensamiento del escritor de “Operación Masacre”.

La muestra, ¿pudo darle otro significado a “Rodolfo Walsh” y su obra? Si, definitivamente. Hay tantas verdades como miradas haya sobre un objeto. Sin embargo, este recupero de la obra del periodista responde a configurar su identidad en la lucha contra la represión, contra la violación a los derechos humanos, contra las injusticias de un Estado pasivo, tercermundista, periférico, ante un “centro”, un primer mundo, como lo era –es– Estados Unidos.

Las identidades en América Latina no dependen sólo de la idiosincrasia nacional o propia, también están enmarcadas en el contexto mundial. Y aquí, “cuyos Estados nacionales ni siquiera lograron cumplir con eficiencia un rol mediador y cuya diversalidad debe ser asumida como un factor determinante para el análisis de sus culturas (…)”.

Hay quienes están de acuerdo con la obra de Walsh, quienes no. Lo importante es que es parte de nosotros, de nuestra cultura nacional. Revalorizar sus escritos es, entre otras cosas, como lo entiende Mario Casalla, construir una universalidad situada: una totalidad abierta que pide y acepta las diferencias nacionales y que se niega a vestir los atributos del Imperio.

Publicado en Análisis de medios | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Dar no siempre es dar

La impresionante colaboración del pueblo argentino hacia los damnificados por la inundación no es una novedad, no causa asombro a esta sociedad porque con un poco de memoria se llega a recordad la ayuda a los combatientes de Malvinas, la tragedia de Tartagal o las inundaciones en Santa Fe, por dar algunos ejemplos.

Pero ¿qué sucede que la gente es la que se pone los pantalones largos para afrontar estas medidas? ¿Dónde está el estado nacional?

Costaría un poco más de tres meses para realizar una investigación profunda sobre el accionar argentino. Una verdadera revisión histórica en los tópicos que los habitantes del suelo argentino sería una buena forma de comenzar. Pero se puede comenzar por algún punto…

El ser nacional argentino, forjado entre raíces campestres y de inmigración, hicieron de él un sujeto calificado como “soberbio” por la mayoría de las comunidades del mundo. De hecho, Alejandro Grimson en su libro “Mitomanías Argentinas” comienza con el mito “La Argentina es un país europeo”.  Esa creencia, ese ideal, está presente. Pero a la vez el ser nacional argentino –y también latinoamericano – fundó una conciencia nacional muy distinta a Europa o Estados Unidos. Como el sociólogo, Hernández Arregui, escribió en “¿Qué es el ser nacional?”, “La cultura de la América Hispánica es la articulación de dos culturas, la española y la gauchesca”.

¿Acaso los argentinos no se cansan de ver películas o leer comentarios de europeos o norteamericanos de son vecinos que ni siquiera se conocen, nunca se saludaron, no saben dónde vive cada uno? En Argentina la mayoría de sus habitantes vive con y entre vecinos. Para algunos, las grandes amistades provienen de relaciones vecinales. Las de amor, también.

 Por cadena nacional –a las 20 horas-, la presidente Cristina Fernández anunció beneficios a los damnificados de la ciudad de La Plata, sus alrededores y la Ciudad de Buenos Aires –y estuvo bien. A los jubilados y pensionados que cobran el mínimo se les otorgará por única vez un monto adicional equivalente a dos jubilaciones mínimas, es decir, $ 4.330. En cuanto a la Asignación Universal por Hijo y por embarazo, durante tres meses se duplicará el beneficio y se cobrará $680. Y también por tres meses, se duplicará el monto -de la gente que recibió daños por las inundaciones- por asignación familiar, y se dará una “prestación adicional” de $1.065 a quienes perciben seguro de desempleo.

 Sería otro análisis pensar por qué suceden estas catástrofes climatológicas o qué no se hizo –políticamente hablando- para que ocurra esta tragedia… El diario Clarín publicó el sábado 6 de abril de 2013 que  era “Una tragedia anunciada”. “La Plata se inundó 4 veces en 8 años y se desoyeron los alertas”, enunció el periódico enemigo del kirchnerismo. Aunque esta declaración tiene una clara connotación tendenciosa que busca agigantar los fallos del gobierno de la actual presidente, queda a la vista que este gobierno tiene tanta responsabilidad como todos los anteriores.

 Este accionar del gobierno nacional queda enclenque con lo que realmente podrían hacer. Se podría –y lamento el potencial- sacar plata del Fondo de garantía de sustentabilidad, porque está para eso.

O quizá se podría quitarle un mes de sueldo a todos los legisladores, diputados, ministros, gobernadores y jueces de todo el territorio nacional…

 Es lamentable que siempre la pague el pobre. Porque si le sucede a los pudientes, tienen recursos como para solventar las perdidas materiales. Zygmunt Bauman, sociólogo polaco y uno de los pensadores más influyentes de estos tiempos, en su libro “Desigualdades sociales en la era global”, explicó que “existe una afinidad selectiva entre la desigualdad social y la probabilidad de transformarse en víctima de catástrofes, ya sean ocasionadas por la mano humana o naturales”. El pobre no tiene escapatoria, no tiene consuelo. El pobre pierde todo, pero en esas ocasiones se da cuenta que no está solo, que hay muchos en su misma situación y que hay familias de una clase más elevada que él, que también está en esa situación. Porque claro, las catástrofes no son selectivas o clasistas, y pueden golpear a cualquiera.

“El huracán Katrina que azotó a Luisiana –Estados Unidos- en el 2005, dio la posibilidad por un “anticipo del servicio meteorológico” a la gente rica de escaparse, (…) dejando en ruinas a los más pobres, a aquellos que no se pueden escapar y dejar sus únicas pertenencias, y nadie se las compensaría: una vez perdidas, esas cosas se perderían para siempre junto con los ahorros de toda la vida”, escribió Bauman en el libro ya mencionado.

 Por otra parte, el economista Martín Lousteau escribió en su libro “Economía 3D”, que “los costos de las crisis no son pagados en forma similar por todos los estratos sociales. Los sectores más acomodados suelen tener distintas herramientas que les permiten ponerse en resguardo: poseen ahorros en dólares (…), son dueños de su propia vivienda y tienen un nivel de educación que les otorga trabajos en blanco y la posibilidad de negociar mejor su salario cuando hay inflación”. Además, Lousteau explica que en 1975, el ingreso promedio del 10% más rico de la población argentina era 10 veces superior al del 10% más pobre. En 2002, en el peor momento de la crisis, esta relación pasó a ser de ¡45 veces! Hoy es de 23, mucho menor que la escandalosa cifra alcanzada con la última crisis pero aún muy por encima de lo que fue en el momento de mayor equidad en el país”.

 En conclusión, sin un verdadero combate de la desigualdad social sería muy complicado resolver cualquier tipo de asunto político-económico o cultural. Porque las catástrofes climáticas, lamentablemente, no van a cesar. Y el pueblo está para recibir los derechos mencionados en la Constitución nacional, no para garantizarlos.

Publicado en Notas periodísticas | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Un stalker te observa

El seguimiento y hasta el acoso de personas por internet ya es una práctica casi habitual. Los stalkers –espías cibernéticos– deambulan entre la curiosidad máxima y el delito.

stalker

Internet es lo que Google refleja, lo que él quiere que el usuario vea, de acuerdo al resultado de su búsqueda. Este acto reflejo que realiza esta compañía determina una visión monopólica de observar, comprender e interactuar en internet. Pero esta secuela alberga sólo un 10% de la información que está dentro de la Web y lo que emerge desde el otro 90% es un mundo (casi) desconocido para la sociedad mundial.
El usuario, al sentarse frente a su computadora no percibe el miedo, la violencia, el aroma nauseabundo de lo ilegal, el stalker al acecho. Pero está. Oscuridad; sitios que emanan desconfianza; calaveras y huesos rotos; piratería; narcotráfico; terrorismo; pedofilia y porno por doquier. El escenario que presenta lo que Google decide no visibilizar es todo un terreno subterráneo. Un ciudadano común sabe con qué se puede encontrar debajo de la tierra –alcantarillas, redes cloacales, roedores, etc– pero, al no percibir ese campo, no lo afecta. Y cree que “arriba” está bien, porque no comprende que lo de “abajo”, en algún momento puede generarle un peligro hacia su persona o el medio ambiente.
Juan mira la televisión con el control remoto en su mano derecha y un vaso de gaseosa en su mano izquierda. Está sentado en el sillón favorito del living de su casa. Parece tranquilo. Su cara no expresa mucho más que la de un joven viendo un partido de fútbol. Cada 5 minutos mira su celular. No suena, no se ilumina, no hace absolutamente nada. Pero él lo mira, le pide una señal de vida. No necesita ver la hora porque no tiene nada relevante que hacer y, en todo caso, frente a sus ojos tiene un gran reloj de pared.
El celular se ilumina. Era un mensaje de una aplicación. Era el dato que a su vida le faltaba. Era un informe de datos, de movimientos de otra persona. Automáticamente encendió su notebook. Su pie izquierdo no paraba de golpear el suelo y provocar un compás molesto. Respiraba más rápido que cuando estaba sentado. Era evidente que no eran buenas noticias. Abrió su Twitter. Revisaba –espiaba– el perfil de “Agostina” y su cara mutó por completo. Es un stalker.
Un stalker es una persona que, por su personalidad obsesiva y compulsiva, necesita ocupar un tiempo considerable –y no solo de su ocio– para observar, espiar y seguir los movimientos de otra a través de internet. No se limita a googlear, o a indagar en las redes sociales, sino que busca en toda la red o donde crea que encontrará información.
“Cualquier persona, dependiendo de un cambio en su situación cotidiana –un desamor– puede tener esta conducta; pero irán más allá quienes traigan consigo características obsesivas de personalidad. No pueden parar de chequear la vida y la actividad detallada de esa persona. En otras palabras, viven su vida a través de la vida de otros”, explicó un psicólogo que decidió preservar su identidad.
Mañana fría en Capital Federal, pero de esas en que al mediodía el destino de la campera no está asegurado: si en la mano, si en la mochila o si debía quedarse en casa. Rodríguez Peña al 400; allí quedaba la oficina de Informática Legal, una empresa que informa, capacita e investiga sobre Internet. Su director general, Miguel Sumer Elías –pelo corto, semblante confiable, voz resonante– es abogado y sabe todo sobre el derecho informático.
“En internet, en la mayoría de los casos, los riesgos son imperceptibles, son incoloros, inodoros, insípidos”, sostuvo Miguel. Es el puntapié inicial para delinquir.
A un punga o a un ladrón de carteras se lo suele identificar –en general– por el sentido de la vista. Ellos caminan despacio, observando todo a su alrededor. Miran seguido hacia atrás, miran hacia los costados. Buscan. Olfatean. Son auténticos perros de caza. Cuando localizan a una víctima, atacan. Y la señora que camina por Córdoba para tomarse el Subte D, por medio de la vista puede prever –a través de un prejuicio discriminatorio– si ese individuo de movimientos sospechosos es un delincuente. En internet, esa línea que divide la paja del trigo es imperceptible.
–¿Qué es un ciberdelincuente?
–Un cibercriminal o un ciberdelincuente es aquel que comete un delito valiéndose de herramientas informáticas o atacando datos o sistemas –dijo Sumer Elías.
Si un stalker, por ejemplo, avanza en su curiosidad y logra acceder a las redes sociales, a los mensajes de whatsapp, a los mails de su víctima, es un ciberdelincuente.
El abogado y docente en el Posgrado Estrategias en Negocios Digitales en la Universidad de Palermo explicó que existía un delito que se llamaba acceso ilegítimo de datos o sistemas –Código Penal, articulo 153 bis– y que la pena era ridícula porque sólo sancionaba con prisión de 15 días a 6 meses. “Es excarcelable. Esa es la legislación que tenemos”, sentenció el director de Informática Legal.
El vacío legal es claro. Las denuncias a las redes sociales tardan meses… años. Y los espionajes, los acosos, los hostigamientos o las difamaciones, continúan.
La conducta de un stalker, propia de su personalidad obsesiva y hasta compulsiva, deriva en el seguimiento y –en algunos casos– el acoso de personas a través de las redes sociales, en medio de un vacío legal a nivel mundial y, sobre todo, argentino.
El término “stalker”, en inglés, significa acosador. En la era digital, gran parte de las actividades cotidianas se comparten a través de las redes sociales. Facebook, Twitter, Badoo o Instagram reúnen una inmensa cantidad de información personal que los usuarios distribuyen –voluntariamente– a sus “amigos”, seguidores o suscriptores.
Así, se puede conocer (casi) todo de una persona: sus gustos personales; sus pasiones; sus amores; sus odios; su ideología política; cómo piensa; qué le gusta comer; cómo está compuesta su familia; si viaja al exterior; si paga en efectivo, con débito o crédito; si cobra su sueldo en tiempo y forma –y hasta cuánto gana. De este modo, Internet es un espacio propicio para el stalking o acoso cibernético. Y en otros casos, el área en el que el pez deja de morir por la boca y ahora “muere” por su prosa.

De la obsesividad

–¿A dónde vas esta noche que no podés venir a casa? –preguntó Noelia con intención de herir sentimientos pero enmascarando de inocencia el cuestionamiento.
–Eh… –titubeaba– voy a la casa de Gonza. Viste que el domingo pasado fue el cumpleaños y no nos juntamos –respondió Francisco, inquieto, movedizo, rascándose la cabeza y suspirando al terminar la frase.
–Ah, perfecto –respondió desconfiada–. Bueno, cuidate. Y portate bien ¿eh?, mirá que te estaré vigilando…
“Te estaré vigilando”, dijo Noelia con la certeza de quien tiene todo controlado y con un tono sumamente amable que desnuda el principio de una broma. Era un diálogo entre una típica pareja de 23 años que conoce la oferta y la demanda de las pasiones sin remordimientos.
Esa frase en gerundio –tan penetrante, tan dictatorial– resonó por unos minutos en la cabeza de Francisco. “¿Será cierto que me vigila?”, se preguntó. Pero el mensaje de Whatsapp que le llegó a su celular le alejó esos pensamientos teñidos por la desconfianza. “Te extraño. Te amo”, sentenciaba la pantalla táctil del teléfono. Ese amor no anulaba una posible persecución. De hecho, la reforzaba.
“Me enteré que mi novia de ese entonces me espiaba porque era imposible que aparezca en boliches o bares donde ella con sus amigas jamás iría”, pronunció Francisco con tristeza. Además, aclaró que los días viernes, cada uno los pasaba con sus respectivas amistades, y que desde un primer momento la relación había funcionado así.
Noelia y Francisco son el reflejo de esta sociedad 2.0. Recelos, sospechas, suspicacias, inseguridades, resquemores; sinónimos del escepticismo virtual en el que se vive. Se conocieron hace tres años y medio a través de la red social Facebook. Fueron novios durante dos años y medio. Ella trabaja en una tienda de ropa como empleada y estudia Relaciones Públicas. Él busca recibirse de licenciado en Alto Rendimiento y no trabaja, solo estudia –y entrena.
La obsesividad de Noelia condenó la relación. Como un stalker de libro, aprovechó que su novio utilizaba la red social Foursquare –se basa en la geolocalización para la web y dispositivos móviles de amigos– para saber dónde estaba, a qué boliches iba, ya que, era una relación normal, pero con “viernes permitidos”. Implícitamente, Noelia nunca aceptó esa condición del vínculo amoroso.
El juego era simple: juntada de amigos por un lado y de amigas por el otro. A veces en bares o restaurantes, y otras ocasiones en la casa de algún compañero de fiesta. Francisco solía olvidarse de enviarle un Whatsapp a su novia, –por despistado, aseguraba él–, y se lo enviaba alrededor de la una de la madrugada. Esto a Noelia le irritaba. Ella –generalmente en Núñez– no le iba a enviar nada a él, porque creía que era su responsabilidad decirle “Está todo bien. Ya nos vamos para Costanera…” Pero lo stalkeaba, y sabía con qué chicos y con qué chicas había hablado para decirle un “Nos vemos en Mandarine!”. Ella odiaba los boliches multitudinarios. Su cabeza volaba. Su corazón estallaba en mil pedazos al leer eso que no eran más que palabras comunes. No había en ellas un engaño latente. Y sus suposiciones nunca las confirmó in situ, porque Francisco la dejó la tarde de un sofocante enero, justo antes de irse de vacaciones con sus amigos.

De los controles

En Mercado Libre se puede encontrar de todo: desde mascotas, celulares y tornillos hasta software para espiar personas. Se venden como si fuesen algo común pero con una determinada distinción, como una remera de la selección Argentina de fútbol autografiada por Messi. Sus precios oscilan entre los setecientos y los dos mil quinientos pesos. No existe legislación –el vacío legal antes mencionado– para regular la comercialización de estos productos que facilitan el ciberespionaje, aunque su uso puede ser graciosamente penado.
Agostina es una chica de barrio que está enamorada de Juan, su novio. Con 17 años, vive su vida con la responsabilidad de alguien mayor. Está terminando el secundario –tiene ganas de ser médica–, le gusta jugar al tenis y pasar algún tiempo libre en las redes sociales, precisamente en Twitter, su red preferida. “Twitter es lo más. Me cambió la vida”, dijo.
A Juan lo conoció hace 6 meses en una fiesta privada. Es del barrio y tiene su misma edad. Y él también usa mucho Twitter. Sigue a muchas personas –la mayoría no conoce– y casi la misma cantidad lo sigue a él –generalmente esos mismos individuos que él sigue.
Es una relación de lucha constante. Peleas, amor, salida, peleas, distanciamiento, amor, rencor, peleas. Ninguno sabe lo que quiere realmente –ni de él, ni del otro. Pero Juan siente más que Agostina. Juan la stalkea –compulsivamente. Juan viola su privacidad.
Lento en los deportes –nunca le gustó practicarlos–, rápido en el amor. Con sus 17 años tuvo 5 novias. Todas le duraron menos de siete meses. Pero Agostina le movió el piso. No sabe porqué, pero está fascinado. En Twitter escribe, habla, canta y llora por ella.
Una mañana de abril Juan sabía que no iba a ir al colegio. Se despertó, desayunó café con leche y tostadas con manteca y dulce de leche, se bañó y salió. Tenía 50 minutos desde Lomas de Zamora hasta microcentro. Aún no convencido de su accionar y con novecientos pesos que sacó de sus ahorros debía retirar un “Software de Seguridad Personal”. En realidad, era el software para espiar a Agostina.
Su funcionamiento es muy simple: instalando el software en el celular destinado se podrá generar el monitoreo del celular desde cualquier computadora o smartphone de tecnología avanzada. Permitirá interceptar y/o grabar llamadas en su equipo, ubicar en el mapa al celular rastreado gracias a un GPS incorporado, recuperará el historial de mensajes de texto, grabar audio en ambiente, controlará la agenda de contactos, seguir el historial de navegación por internet y accederá al control en algunas redes sociales (Facebook y Twitter). Su instalación necesita tener al celular en cuestión, no se puede realizar a distancia. Y, según sus vendedores, no deja huellas.
Agostina suele twittear que está feliz o triste; que tiene hambre o comió mucho; o que la vida la ayuda o le da la espalda. Y sabe que a veces Juan la stalkea:
–¿Sentís cuándo alguien te stalkea?
–Me doy cuenta porque me retwittean o “favean” cosas muy viejas y sólo leyendo mis twitts es posible hacerlo. O sino, después, cuando hablo con Juan, me doy cuenta de que estuvo stalkeandome.
–Claro, pisa el palito…
–Si. O también por la manera en que me trata o capaz tira una indirecta de algo que yo puse.
Sin embargo, el stalker deja huellas. Mira sus twitts viejos y no sólo los retiene en su memoria, sino que los marca para que Agostina lo sepa –es muy probable que sea sin intención. Visibiliza ese stalkeo que no tiene una connotación puramente negativa. Para Agostina, simplemente Juan le revisa sus twitts. Para Juan, Agostina era todo.
“Las redes sociales permiten suspender la distancia con el otro. Te hacen sentir un ‘Estamos conectados’. Pero justamente la existencia de la herramienta tecnológica es lo que permite a que una persona se anime a hacer lo que nunca hubiese hecho”, contaba el psicólogo anónimo.
Es común que entre los jóvenes se llamen entre si “stalkers”, pero su significación es mucho más naif. Si revisan los twitts de otra persona en la que su configuración de perfil es “pública”, no estaría violando el Código Penal –artículo 153 y 153 BIS–, ya que esa información no era restringida. No significa que no sea stalker. Es un stalker que no comete un delito.

De los amores que no se olvidan

Sofía y Matías fueron amigos de toda la vida que, por esas necesidades de la vida humana, se convirtieron en novios en el 2008. De antemano, parecía una pareja para toda la vida. La simpleza y la humanidad de él, la energía y el carisma de ella. Se complementaban muy bien. Eran felices –parecían felices.
En toda relación es muy difícil establecer qué pasa puertas adentro. La reputación suele cuidarse mucho en público. “No me hagás esta escena acá” o “no discutamos en la calle” pueden ser algunos ejemplos. Sofía y Matías hoy tienen 23 años y se convirtieron en ese grupo de personas que rompen una relación de años y no se ven más, aunque una de las partes tenga ganas. Terminaron su relación en el 2012.
Era una pareja que le daba bolilla al “qué dirán” –más Sofía que Matías. Ella no tenía ni Facebook, ni Twitter, sólo usaba el MSN y su mail. Sin embargo, Matías si tenía Facebook –y Sofía no podía aguantar eso.
–¿Por qué no tenías Facebook?
–Porque tenía miedo a la aceptación de la otra persona. Me podía joder que la otra persona me rechazara –se detiene, recuerda y se acongoja–, y no me gustaba la idea que la gente se entere con quién yo hablaba, quiénes eran mis amistades y demás.
–Sin embargo, tengo entendido que estabas al tanto de Facebook, lo usabas…
–Si, entraba desde la cuenta de Matías, él me dio el correo y la contraseña.
Sofía tiene una personalidad pseudo avasallante, aunque con contradicciones psicológicas. En la relación se sentía insegura y, sumado a su personalidad obsesiva de querer controlar todo, de saber todo, derivó en que stalkee a su novio –revisándole el celular cuando él no estaba– y su propio Facebook –lugar al que Matías le abrió la puerta y la heladera. Sofía suele ejercer un control (casi) total. Ella puede estar en la facultad, vivir tranquila… pero se acuerda de su novio y necesita saber qué hace, con quién está…
Ella no siempre dudó de la fidelidad de su novio, pero poco a poco su obsesión le iba ganando terreno. Ella tenía motivos suficientes para desconfiar de él –se conocían desde pequeños y los antecedentes amorosos lucían a cara descubierta. Las preguntas como “¿Por qué te sacás fotos con ella?”, “¿Quién es esa del laburo?”, o “Mirá como te abraza esta, quién es?”, empezaron a molestarle. Hasta que Matías estalló. Sintió tal invasión a su privacidad producto del stalkeo constante que decidió cerrar su cuenta de Facebook. Y la pareja comenzó a tambalear. No era la decisión que Matías quería, era la consolidación de la victoria de Sofía.
No era un stalkeo característico el que ejercía Sofía. Ella se sentía mal por todas esas charlas o imágenes que veía y que no representaban una infidelidad. La duda comenzaba en su cerebro –y en el pasado de Matías. Vivía su vida a través de la de Matías. Sus emociones cambiaban de acuerdo a lo que veía o creía ver.
La stalker descansó por unas semanas. Se sintió bien. Pero los conflictos continuaron –peleas en bares, en boliches, en reuniones de amigos– y su obsesión también. Lo que ella había visto en Facebook aquella vez –una foto con una compañera de trabajo– le perturbó su cabeza. Las dudas continuaron y, entre llantos de amor, la pareja decidió terminar el infierno que vivía.
Los stalkers no son ni buenos ni malos. Son… eso. Depende del uso que le des a las redes sociales, de lo que escribas en ellas, de la seguridad de tu máquina, de la privacidad que manejás y de tu olfato para entren a tu vida –como conocidos o desconocidos. Son sólo un ejemplo del mundo ¿desconocido? que es internet. Los stalkers –espías cibernéticos, curiosos peligrosos, ex parejas despechadas, pseudo hackers, pedófilos– llegaron, están entre la sociedad cibernética. ¿Cuánto tardarás en abrirles o cerrarles la puerta?

DMA.-

Imagen | Publicado el por | Etiquetado , , , , | Deja un comentario